Capítulo 2: Explorando el menú de personaje

 


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Capítulo 2

 

Explorando el menú de personaje

 

Frente a Sebastián se desplegó una pantalla. Era un menú simple, como el de muchos RPG, formado por varias pestañas: Estado, Magia, Poderes, Habilidades, Inventario. Esta última pestaña estaba abierta:

 

[Atuendo] Túnica de mago. RES +0.

[Atuendo] Sandalias de cuero. RES +0.

 

Eso era todo. No tenía más objetos en su inventario. ¿Lo peor? No parecía que tuvieran alguna clase de encantamiento útil y su capacidad de defensa era nula. Sus descripciones dejaban eso claro:

 

Una túnica simple, usada por los magos novatos.

 

Sandalias fabricadas con un cuero duro y resistente. Un calzado de uso común para granjeros y otros trabajadores.

 

«Así que mi único equipo para sobrevivir son una túnica y unas sandalias normales…».

Suspiró.

Casi podía creer que de verdad alguien las había sacado del almacén de vestuarios del teatro universitario.

Siguió analizando la pantalla frente a él.

Notó que en la parte inferior aparecía una estadística:

 

Capacidad de carga: 4 de 100.

 

La túnica pesaba 3 y las sandalias 1.

Por curiosidad, movió el cursor para acomodarlo sobre esa estadística y, cómo esperaba, apareció un cuadro de diálogo explicándola:

 

Capacidad de carga igual a: Resistencia base x10.

El multiplicador aumenta en 1 por cada Nivel General adquirido. Las clases centradas en atributos físicos obtienen bonificaciones de carga.

 

Tenía sentido que fuera así. Si una túnica pesaba 3, seguramente una armadura pesada debía ser suficiente para agotar la capacidad de carga básica. Y a eso tenía que agregar todos los demás objetos y suministros necesarios para sobrevivir.

Movió el cursor a la pestaña de Estado.

 

Nombre: Sebastián «Sin Título»

Nivel: 1

Clase: Básica

Raza: Humano*

 

[PV] Puntos de vida: 100

[PM] Puntos de magia: 100

[EST] Estamina: 100

 

[FUE] Fuerza: 10

[RES] Resistencia: 10

[INT] Inteligencia: 10

[VOL] Voluntad: 10

[AGI] Agilidad: 10

[LUC] Lucidez: 10

[SUE] Suerte: 10

 

Luego, hasta abajo, después del apartado que indicaba los estados alterados, venían dos aclaraciones:

 

Estadísticas Básicas mostradas. Complete la Misión Inicial para crear u obtener una clase y actualizar las estadísticas base.

*Raza secreta detectada. Complete [misión secreta] para desbloquear.

 

«Una raza secreta, vaya suerte la mía», pensó con sarcasmo. Detestaba no tener toda la información, en especial cuando podía ser algo determinante para sobrevivir.

Pasó a la siguiente pestaña, Magia, donde se encontró con una lista de dos hechizos básicos:

 

[Ofensiva] Llamarada. Causa 5 de daño por segundo. Puede llegar a quemar a enemigos hasta el nivel 5.

[Curativa] Curación. Regenera 5 de VIT por segundo.

 

—Supongo que es mejor que nada —susurró, un poco decepcionado. ¿Dónde estaba el hechizo de bola de fuego para fulminar a sus enemigos?

Había dos posibilidades: o se desbloquearía subiendo de nivel, o tendría que conseguir oro para ir a comprar un grimorio o algo parecido.

Siguiente pestaña, Poderes.

 

[Divino] Regeneración de Gaia. Una vez al día, recuperas PV, PM y EST un 20 % más rápido.

[Divino] Bendición del Dios de la Artesanía. Poder pasivo. Tu capacidad para crear y reparar objetos es un 10 % mayor.

[Innata] Conocimientos antiguos. Poder pasivo. Puedes comprender y utilizar la Tecnología Antigua.

 

Pasó a la última pestaña, Habilidades. La gran mayoría tenían nivel 0, así que oprimió un botón que le permitía filtrar las que sí tenían nivel.

 

[Física] Cuerpo a cuerpo. Nivel 5.

[Física] Sin armadura. Nivel 5.

[Física] Bloqueo. Nivel 5.

[Mágica] Ofensiva. Nivel 5.

[Mágica] Defensiva. Nivel 5

[Mágica] Curativa. Nivel 5.

[Mágica] Ilusión. Nivel 5.

[Artesanía] Herrería. Nivel 10.

[Artesanía] Tecnología Antigua. Nivel 15.

[Mental] Lengua Antigua. Nivel 20.

 

Sebastián suspiró mientras cerraba el menú de personaje.

—Clase básica, sí como no —resopló.

Por la forma en la que estaban estructuradas sus habilidades, parecía que el juego… o lo que fuera, estaba instándole a convertirse en una especie de mago herrero.

También le molestaba no tener un «sistema» como en las novelas web que le mostró Marisol. Al menos habría tenido a alguien a quien molestar con preguntas y dudas.

—En fin, no puedo quedarme aquí —se dijo Sebastián—. Y ahora estoy hablando solo der nuevo. De verdad, necesito encontrar a otras personas o voy a terminar de volverme loco.

Se dirigió hacia lo que parecía ser la entrada de la tumba. Era una enorme losa de piedra que claramente estaba construida para ser una especie de puerta. A la derecha de esta, en el suelo, había una vieja palanca de madera.

Sebastián la tomó con ambas manos. Se sentía un poco frágil y, por un momento, dudó en si debía accionarla. ¿Y si se rompía? Pero, no tenía otra opción. En la habitación circular no había más salida que esa.

Tomó una respiración y jaló la palanca.

Hubo un crujido, haciendo que temiera que la había roto. Lo siguió el sonido de engranajes oxidados moviéndose. La losa tembló un poco, antes de deslizarse hacia afuera unos centímetros y luego moverse a la derecha.

La luz del día inundó la entrada, forzando a Sebastián a cerrar los ojos para acostumbrarse al cambio de iluminación.

Respiró profundamente. Avanzó hacia afuera.

Una nueva ventana de notificación emergió frente a sus ojos:

 

[NUEVA MISIÓN INICIADA]

BIENVENIDO AL NUEVO MUNDO

(Misión Inicial)

Objetivo: Sal del Bosque de los Ancestros y encuentra la aldea de Cause del Río Santo.

 

Sebastián cerró la notificación tras leerla varias veces. Al instante, saltaron dos notificaciones más:

 

Pestaña de «Diario de misiones» añadida al menú de personaje.

 

Nuevo objeto en inventario: Diario del Aventurero.

 

Abrió el inventario y, efectivamente, allí estaba su nuevo diario:

 

[Libro] Diario del Aventurero. Peso: 1.

Un pequeño cuaderno de pergamino y pastas de cuero curtido. Es muy usado por viajeros para registrar los sucesos ocurridos durante el viaje.

 

Lo seleccionó para abrirlo. El menú se cerró al instante y el diario ahora estaba en sus manos.

Parpadeó un par de veces. Luego se encogió de hombros. Lo abrió y leyó la primera página:

 

Desperté en un lugar desconocido. No sé cómo ni que hago aquí. Mi equipo es escaso. Aun así, tengo que moverme. No puedo quedarme aquí si quiero sobrevivir.

 

Por curiosidad, abrió el menú de nuevo y se dirigió a la pestaña de misiones. Aparecía una lista de misiones activas, completadas y falladas. Por supuesto, solo la Misión Inicial aparecía de momento. Y, ¡sorpresa!, la descripción en ella era exactamente la misma del diario en sus manos.

—Un poco redundante —dijo.

Cambió a la pestaña de Inventario y notó que el diario aparecía oscurecido. Desapareció de sus manos en cuanto lo seleccionó con el cursor.

—Okey, creo que tardaré un poco en acostumbrarme a eso.

Miró hacia la puerta de la tumba. No podía postergar más las cosas, así que comenzó a caminar.

Por un momento, se sintió cómo un héroe de RPG occidental saliendo hacia el mundo tras pasar la primera mazmorra.

—Solo esperó que no me ataque una secta maligna o un dragón malhumorado —dijo con ironía.

 


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