Capítulo 1: Sebastián despierta en una tumba
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Capítulo 1
Sebastián despierta en una tumba
Lo primero que Sebastián pensó al despertar, fue que estaba en una tumba. Se encontraba tendido sobre un lecho de piedra. O, al menos, eso fue lo que le pareció al comienzo. Más tarde, se dio cuenta de que más bien era la tapa de un sarcófago.
Se quedó allí, sin moverse, con los ojos fijos en la cúpula sobre él, observando como los rayos del sol de la tarde atravesaban las ventanas cubiertas de vitrales.
Después de lo que pudieron ser minutos u horas, puesto que no podía decir con exactitud cuánto tiempo había pasado desde que despertó, se incorporó lentamente.
Miró a su alrededor. El sarcófago sobre el que descansaba estaba justo en el centro de una habitación circular. Estaba hecho de mármol… o eso pensaba. La verdad, nunca había visto mármol auténtico en su vida. Era un estudiante becado de universidad que vivía en un barrio popular, demasiado alejado de las casas de la gente acomodada que podía permitirse lujos como ese.
Analizó mejor el lugar. Estaba estudiando una ingeniería en sistemas computacionales, así que no sabía nada de arquitectura, pero el estilo de la construcción debía ser clásico. Se parecía lo suficiente a un templo griego o romano como para no serlo.
Finalmente, se levantó. Fue entonces que notó el hecho de que vestía una túnica.
«Al menos no estoy desnudo», pensó.
Se preguntó si era una especie de broma. ¿Había molestado a alguien de la facultad de artes escénicas? No creía que fuera así, pero era lo único que se le ocurría en ese momento, tras despertar en lo que parecía ser una antigua tumba griega y vestido con lo que bien podría ser la túnica de un mago. Quizá algo que sacaron de la bodega de vestuarios del teatro de la universidad.
Aunque, la túnica estaba muy bien hecha. Se sentía ligera (¿era seda?) y cómoda. Era de color azul claro. Estaba adornada con bordados intrincados y elegantes de color oro en su dobladillo, así como en el cuello.
Sebastián se puso de pie y caminó alrededor de la tumba.
En los muros redondos había losas con esculturas en relieve de lo que parecía ser una historia mitológica. Se parecían a las que adornaban las construcciones romanas y que había visto en varias fotografías y documentales.
Se acercó a una de ellas. Era la figura de una persona vestida con una túnica. Tenía las manos alzadas levantando una esfera de luz sobre su cabeza. Dentro de la esfera había algo que parecía una caja rectangular.
Estaba a punto de tocarla, cuando una especie de marcador flotante de color blanco apareció frente a él. Era el inequívoco símbolo de una lupa, que incluso tenía la palabra «examinar» debajo.
Retrocedió un paso, lo que hizo que el marcador desapareciera.
Parpadeó un par de veces. ¿Lo había imaginado?
Volvió a acercarse y el marcador reapareció. Retrocedió, el marcador se fue. Repitió ambas acciones una y otra vez, obteniendo el mismo resultado.
—Estoy enloqueciendo —se dijo, mientras se tallaba los ojos.
Caminó hacia otra de las esculturas, obteniendo el mismo resultado.
No tenía sentido. ¿Estaba atrapado en algún videojuego de realidad virtual? Todo se sentía demasiado realista para ser así, sin embargo…
Se acercó de nuevo a la primera escultura y trató de descubrir cómo activar el marcador. No indicaba que oprimiera alguna tecla o el botón de un joystick… Bastante obvio, pues estaba en la realidad.
Entonces se dio cuenta de que el marcador se volvía más nítido cuando lo miraba fijamente, casi como si estuviera utilizando un dispositivo de mouse óptico.
Tras varios intentos, por fin logró activar el marcador. Al instante se desplegó una pantalla de información frente a él:
«El Dios [Ilegible] presenta a sus hermanos el Recipiente Sagrado que contendrá la Semilla de Gaia».
Sebastián leyó ese mensaje varias veces. Eso no tenía sentido. Gaia, en la mitología griega, había nacido del Lodo Primordial, siendo la representación del concepto de «madre tierra». Aunque, luego surgió la idea de que antes hubo otros dioses padres, la mayoría de los expertos no consideraban que eso fuera valido. Además, ¿qué era eso de «Recipiente Sagrado»?
—¿Será que sí estoy en un juego?
Marcó el botón de cerrar en la pantalla de información de objetos. Esta vez fue mucho más fácil manejar el cursor invisible.
Al instante, se desplegó una caja de texto con un mensaje:
Calibración de cursor completada.
Sebastián oprimió el botón «aceptar». Fue a revisar las demás esculturas, dándose cuenta de que ahora podía acceder a la pantalla de información con más facilidad. En poco tiempo, manejaba el «cursor» como si siempre hubiera vivido con él en su cabeza.
Fue examinando una a una las esculturas. Contaban una historia mitológica sobre un evento al que se conocía como La Regeneración.
Según este mito, los Dioses Creadores plantaron la Semilla de Gaia para salvar al mundo del Caos provocado por una civilización antigua. Para esto, dotaron a Gaia con todo el conocimiento acumulado de la humanidad, así como los secretos arcanos de la magia.
Fue con la magia que Gaia pudo cumplir su objetivo. Logró acceder al Códice de la Creación para reescribir el mundo y salvarlo del inminente desastre. Pero, al hacerlo, usó la fuerza vital de los mismos dioses que le habían dado la vida.
Aunque, en realidad, los dioses primordiales no murieron. Solo dormían. Así que Gaia construyó templos en donde descansarían hasta que sus fuerzas se recuperaran y despertaran de nuevo.
Había algo en esa historia que hacía sentir incómodo a Sebastián. Por desgracia, su cabeza en esos momentos era un lío y no consiguió explicarse el porqué.
—Si esto es un juego, supongo que soy algo así como el avatar del protagonista —se dijo.
Luego, se le ocurrió algo. Recordó las novelas web que Mónica y Marisol le habían mostrado el año anterior, antes de que su proyecto final (ni recordaba qué había sido) consumiera todo su tiempo. ¿Y si no estaba en un juego? Tal vez se había encontrado con un camión salvaje, de esos que al parecer iban por allí arrollando a la gente para enviarlas a otros mundos.
—¿Sistema?
No obtuvo respuesta. ¿Sería qué no había sido enviado a otro mundo cómo los protagonistas de esas novelas?
Decidió intentar otra cosa.
—Abrir inventario.
Eso sí hizo que algo pasara.
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